Simple y pura biología

“….-Está en nuestra naturaleza sobrevivir. La fe es una respuesta instintiva a aspectos de la existencia que no podemos explicar de otro modo, bien sea el vacío moral que percibimos en el universo, la certeza de la muerte, el misterio del origen de las cosas o el sentido de nuestra propia vida, o la ausencia de él. Son aspectos elementales y de extraordinaria sencillez, pero nuestras propias limitaciones nos impiden responder de un modo inequívoco a esas preguntas y por ese motivo generamos, como defensa, una respuesta emociona. Es simple y pura biología. “

Fragmento del Segundo Acto “Lux Aeterna” de “El Juego del Ángel” . Carlos Ruiz Zafón.

By the light light of the…

“…La Luna rió suavemente, casi suspirando (el cuerpo de un Hombre que era Dios) (el de un hombre que compartía su divinidad con dos hombres más, ella los imaginaba a los tres como hombres: un segundo hombre barbado, antiguo y poderoso, sentado en un trono, que era al mismo tiempo el hombre joven clavado en la cruz; y un tercer hombre, espectral, sin edad: un mago que se llamaba a sí mismo El Espíritu, y Santo por añadidura, y que sin duda era el responsable en su imaginación infantil de todas las demás transformaciones: uno en tres, tres en uno, uno en la virgen, luego uno fuera de la misma virgen, luego uno muerto, luego resucitado y presumiblemente de regreso entre los tres sin dejar de ser uno y luego los tres-en-uno en una hostia, muchos, millones de trocitos de pan todos conteniéndole a Él, y el Mago trabajando sin cesar, el Fantas de un Mundo Espectral)….”

Fragmento capítulo XIX  ”Gringo Viejo” . Carlos Fuentes.

Los invisibles, parte 1

Este año, bajo la dirección de Gael García Bernal se presentó el documental “Los invisibles”. Tratando el tema tan doloroso y desatendido, casi oculto deliberadamente, de los miles de migrantes que cruzan nuestro país en busca de un derecho fundamental de mejorar su calidad de vida, de un sueño cada vez más diluido, del sueño americano.

Esta primera parte mantiene la narrativa sobre la esperanza original que sienten los migrantes en su búsqueda, arriesgando todo y poniendo en riesgo aún más de lo que tienen por conseguir pisar suelo americano.

Los invisibles

¿Quién si no nosotros?

Ayer tuve oportunidad de ver “¿Quién si no nosotros?” dentro de la semana de cine aleman proyectada en 35mm en el cineteatro Rosalío Solano. Me pareció una película interesante, llena de pasajes tan atrevidos como funestos. Un trailer que deja ver la frustración de toda una generación, una impotente y llena de ideas, traumas, miedos y dilemas.

La historia se desarrolla con el protagonismo de Bernward Vespel, Gudrun Ensslin y Andreas Baader. Jóvenes con ideas de cambio, revolución. Vespel, atado al pasado familiar,  deja durante toda la cinta un sinsabor en su existencia debido al dolor de ser el hijo de un escritor del Fuher, estigmatizado logra junto con Gudrun llevar una relación propia de la década, llena de amoríos, engaños y preocupaciones dentro de su Alemania occidental de los años 60′s. Sus distintos puntos y concepciones sobre lo que logrará el cambio los separan llevando la película a un estado de confusión adecuado que permite el involucramiento de Adreas Baader en las decisiones que Gudrun y Vespel tomarán en sus vidas.

Es una película para entender esa espíritu tan de lucha como de destrucción que llevo a esta generación a una búsqueda por la desintegración y desaprendizaje de  todo lo recibido por educaciones pasadas.

 

De nuevo un día violento.

Pregunta mi padre desde Monterrey …¿Dónde está mi México?  . Veo su tweet, esta trabajando esta semana en esa parte del país, de este que se esta desmembrando día con día. Su México, nuestro México,  simplemente se encuentra jodido, esta en esa denominación de país conflictivo, con miedo, con terror en sus calles, con muertos y más muertos. Así se habla y se hablará hoy de este territorio violento como el de uno en guerra abierta, guerra perdida. Peor se tornaran las cosas, los ataques, ahora terroristas, la violencia desenfrenada, estúpida. Hoy, de nuevo un día violento, empiezan a llegar temores de caer en una ingobernabilidad, en un miedo colectivo que bloquee aún más a esta sociedad tan masacrada. México tan vulnerable, tan querido y violentado, tan ajeno a todos que permitimos, pasivos, su destrucción.

 

 

De violencia…de que hay algo más por hacer

Domingo muy familiar, cada vez quedan menos de estos días en los que, sin mucha preocupación por compromisos personales, podemos estar mi padre a lado de mi madre y enfrente de mi hermana platicando y sacando temas que durante el transcurrir de la semana llamaron nuestra atención. Lo medular: la violencia en el país, en México.

Quizá la ausencia y hermetismo provocado por uno mismo hacía estos temas hacen que el sentarse un par de horas a platicarlo nos abria los ojos, el corazón quizá; a sentimientos de rabia, de dolor, de miedo, de impotencia, de potencia y de mucho más dolor. Finalmente nos mantenemos como “pasivos espectadores” a lo que en nuestro entorno sucede.

Durante la platica, que se empezaba a tornar tensa esta vez no por nuestras diferencias en perspectiva sino por lo estremecedor de las palabras mencionadas a lo largo de enunciados que narraban historias de “me contó fulano”, “le paso en Monterrey…”, “que iba con su familia y…”  me percaté de un sentimiento profundo, provador, que amarraba el estomago y me hacía perder la voz en un hilo. Estaba leyendo un poema que me había arrancado un par de lágrimas dos días antes, un poema que leí una y otra vez aquél día en silencio, un poema que había encontrado una semana todavía más atrás incrustado como otros tantos en la revista Conspiratorio. Uno largo que entre  su contenido lograba y logra aún transmitir un poco tanto de consternación en cada palabra. Estaba leyendo ahora ese poema a mi familia, lo leí, de ahí mi voz perdida en un hilo:

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“Los Muertos”

Allá vienen
los descabezados,
los mancos,
los descuartizados,
a los que les partieron el coxis,
a los que les aplastaron la cabeza,
los pequeñitos llorando
entre paredes oscuras
de minerales y arena.
Allá vienen
los que duermen en edificios
de tumbas clandestinas:
vienen con los ojos vendados,
atadas las manos,
baleados entre las sienes.
Allí vienen los que se perdieron por Tamaulipas,
cuñados, yernos, vecinos,
la mujer que violaron entre todos antes de matarla,
el hombre que intentó evitarlo y recibió un balazo,
la que también violaron, escapó y lo contó viene
caminando por Broadway,
se consuela con el llanto de las ambulancias,
las puertas de los hospitales,
la luz brillando en el agua del Hudson.
Allá vienen
los muertos que salieron de Usulután,
de La Paz,
de La Unión,
de La Libertad,
de Sonsonate,
de San Salvador,
de San Juan Mixtepec,
de Cuscatlán,
de El progreso,
de El Guante,
llorando,
a los que despidieron en una fiesta con karaoke,
y los encontraron baleados en Tecate.
Allí viene al que obligaron a cavar la fosa para su hermano,
al que asesinaron luego de cobrar cuatro mil dólares,
los que estuvieron secuestrados
con una mujer que violaron frente a su hijo de ocho años
tres vecez.

¿De dónde vienen,
de qué gangrena,
oh linfa,
los sanguinarios,
los desalmados,
los carniceros,
asesinos?

Allá vienen
los muertos tan solitos, tan mudos, tan nuestros,
engarzados bajo el cielo enorme del Anáhuac,
caminan,
se arrastran,
con su cuenco de horror entre las manos,
su espeluznante ternura.
Se llaman
los muertos que encontraron en una fosa en Taxco,
los muertos que encontraron en parajes alejados en Chihuahua,
los muertos que encontraron esparcidos en parcelas de cultivo,
los muertos que encontraron tirados en la Marquesa,
los muertos que encontraron colgando de los puentes,
los muertos que encontraron sin cabeza en terrenos ejidales,
los muertos que encontraron  a la orilla de la carretera,
los muertos que encontraron en coches abandonados,
los muertos que encontraron en San Fernando,
los sin número que destazaron y  aún no encuentran,
las piernas, los brazos, las cabezas, los fémures de muertos
disueltos en tambos.
Se llaman
restos, cadáveres, occisos,
se llaman
los muertos a los que madres no se cansan de esperar
los muertos a los que hijos no se cansan de esperar,
los muertos a los que esposas no se cansan de esperar,
imaginan entre subways y gringos.
Se llaman
chambrita tejida en el cajón del alma,
camisetita de tres meses,
la foto de la sonrisa chimuela,
se llama mamita,
papito,
se llaman
pataditas
en el vientre
y el primer llanto,
se llaman cuatro hijos,
Petronia (2), Zacarías (3), Sabas (5), Glenda(6)
y una viuda (muchacha) que se enamoró cuando estudiaba la
primaria,
se llaman ganas de bailar en las fiestas,
se llaman rubor en las mejillas encendidas y manos sudorosas,
se llaman muchachos,
se llaman ganas
de construir una casa,
echar tabique,
darle de comer a mis hijos,
se llaman dos dólares por limpiar frijoles,
casas, haciendas, oficinas,
se llaman
llantos de niños en pisos de tierra,
la luz volando sobre los pájaros,
el vuelo de las palomas en la iglesia,
se llaman
besos a la orilla del río,
se llaman
Gelder (17)
Daniel (22)
Filmar (24)
Ismael (15)
Agustín (20)
José (16)
Jacinta (21)
Inés (28)
Francisco (53)
entre matorrales,
amordazados,
en jardines de ranchos
maniatados,
en jardines de casas de seguridad,
desvanecidos,
en parajes olvidados,
desintegrándose muda,
calladamente,
se llaman
secretos de sicarios,
secretos de matanzas,
secretos de policías,
se llaman llanto,
se llaman neblina,
se llaman cuerpo,
se llaman piel,
se llaman tibieza,
se llaman beso,
se llama abrazo,
se llaman risa,
se llaman personas,
se llaman súplicas,
se llamaban yo,
se llamaban tú,
se llamaban nosotros,
se llaman vergüenza,
se llaman llanto.

Allá van
María,
Juana,
Petra,
Carolina,
13,
18,
25,
16,
los pechos mordidos,
las manos atadas,
calcinados sus cuerpos,
sus huesos pulidos por la arena del desierto,
Se llaman
las muertas que nadie sabe nadie vio que mataran,
se llaman
las mujeres que sale de noche solas a los bares,
se llaman
mujeres que trabajan salen de sus casas en la madrugada,
se llaman
hermanas,
madres,
tías,
desaparecidas,
violadas,
calcinadas,
aventadas,
se llaman carne,
se llaman carne.

Allá
sin flores,
sin losas,
sin edad,
sin nombre,
sin llanto,
duermen en su cementerio:

se llama Temixco,
se llama Santa Ana,
se llama Mazatepec,
se llama Juárez,
se llama Puente de Ixtla,
se llama San Fernando,
se llama Tlaltizapán,
se llama Samalayuca,
se llama el Capulín,
se llama Reynosa,
se llama Nuevo Laredo,
se llama Guadalupe,
se llama Lomas de Poleo,
se llama México.

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El poema es de María Rivera. No pude terminar de leerlo, no al compartirlo con mi familia y sentir esa identificación que guardada, abandonada en nuestra percepción de realidad, no nos deja sentirnos siempre reflejados en estas historias, que no nos deja como sociedad más que observar, acostumbrándonos, doliendonos pero no hacer nada.

Es hora de crear un imaginario, uno colectivo, uno de paz. De verdadera paz.

 

 

 

 

 

 

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